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Iniciativas

MagmaCultura: la accesibilidad en los museos

Nos ha llegado a nuestro blog un interesante artículo de Imma Fondevila, directora de Proyectos de Magma Cultura, donde nos habla de la accesibilidad en los museos. Nos ha parecido muy interesante, así que lo incluimos en nuestro blog tal cual nos ha sido remitido:

La accesibilidad en los museos

Hace unos días (7 de septiembre de 2011) La Vanguardia, dentro de su sección Tendencias, publicó un artículo donde trataba el tema de la accesibilidad en los museos. Destacaba, además de las soluciones arquitectónicas para los discapacitados motrices, los recursos gráficos y tecnológicos empleados por los diferentes museos en la atención al público con discapacidades diversas. Un tema realmente muy interesante, y en el cual se va avanzando, muy especialmente vinculado a las nuevas tecnologías. De hecho, tanto el tema como los medios, son aspectos que desde Magma Cultura estamos estudiando para poder contribuir a aportar soluciones para estos segmentos de públicos. No obstante, a nuestro entender, la accesibilidad no es sólo un factor de atención a públicos con discapacidades. La accesibilidad la entendemos como un derecho de todos los ciudadanos, y por lo tanto como una obligación de los museos hacia todos los públicos (atención, hablo de accesibilidad, no de participación, cosa que nos llevaría a otro tipo de reflexiones que no son el objeto de este escrito).

En el museo se tiene que hacer accesible el conocimiento a todos los individuos que entran en sus salas. Y esto pasar por, en primer lugar, provocar la aproximación, creando elementos de atracción, y en segundo lugar, para facilitar la lectura, creando canales, códigos y mensajes adecuados. Se trata, en principio, de una cuestión de museografía; es decir, de aplicación de técnicas dirigidas a la correcta transmisión del mensaje o discurso museológico. Y aunque en el terreno teórico están muy delimitadas las funciones de la museología y las de la museografía, en el terreno práctico, muchas veces los museólogos condicionan más allá de lo razonable el trabajo de los museógrafos. No dejo nunca de lamentarme cada vez que entro en un museo (cabe decir que este verano he podido visitar los museos más importantes –¡excepcionales!- de Nueva York: el Metropolitan, el MOMA, el Guggenheim, el Whitney…) y veo que no hay los mínimos elementos, los más básicos, para “leer” e interpretar las obras expuestas. Como mucho una pequeña cartela ilegible con una información meramente técnica. Por lo tanto, obliga a, primero, situarse lejos y ver la obra, para saborear el primer impacto emocional que nos provoca por la vía de los sentidos; a continuación, aproximarse y leer lo que dice, que normalmente no suele ser demasiado interesante, puesto que son cuestiones meramente técnicas, y finalmente, volverse a alejar para intentar casar los impactos sensitivos con los cognitivos –la información proporcionada- y poder extraer unas reflexiones, y llevarnos la sensación de que hemos aprendido algo nuevo.

Y es que la observación de una obra de arte implica no sólo un acto sensorial –se nos ponen en danza unas sensaciones que nos despiertan unas emociones- sino también un acto cognitivo -el cerebro se activa y empieza a procesar y a revisar la base de datos que tiene archivada, para intentar identificar, entender o modificar los patrones que tenemos aprendidos sobre aquello que estamos viendo: una técnica, un estilo, una época o un autor. Pero… ¡este último acto, evidentemente puede ser muy rico cuando la persona tiene un buen bagaje cultural! Esta persona no necesita nada más que la obra misma para consumar con plenitud el acto estético y cognitivo.

Pero cuando la gente carece de un rico bagaje cultural, si no tenemos más referentes que la imagen de la obra, la observación de esta se queda en un mero acto pasivo de observación y experiencia estética, totalmente limitada. El observador sólo podrá decir si se lo gusta o no se lo gusta en función de sus gustos estéticos, pero no podrá valorar la significación de aquella obra, su valor estético, social e histórico dentro del tiempo-espacio en que se creó. Además, en su recorrido por un museo, si no tiene algunos referentes más allá de los top ten de la historia del arte, obras o artistas “marca”, sólo se parará en estos, haciendo un acto ritual que le permitirá decir: “yo he visto…”. Puro acto testimonial, en definitiva vacío, banal. Cuando hablamos de accesibilidad, nosotros hablamos en sentido lleno, y en la línea del que se ha denominado “la democratización de la cultura”. Para que la cultura sea participada por todo el mundo, y no sólo “consumida”, la tenemos que hacer próxima, atractiva y comprensible. Y retomo lo mencionado anteriormente: esto pasa por, en primer lugar, provocar la aproximación, es decir, creando elementos de atracción, y en segundo lugar, para facilitar la lectura, creando canales, códigos y mensajes adecuados. Los museólogos que digan qué es aquella obra, quién la ha hecho, por qué, cómo, cuándo, en qué contexto o circunstancias, y que los museógrafos lo traduzcan con las herramientas del diseño. Y antes de llegar a los medios tecnológicos, empezamos por los sistemas más sencillos y al alcance de cualquier presupuesto, por limitado que sea: con textos donde la presentación sea directa, atractiva, clara. Con recursos gráficos que creen atención y que ayuden a organizar y a hacer la visita por las salas del museo. La opinión de Enric Jardín (al artículo mencionado), va en esta línea. Un periodista lo ha presentado en un medio periodístico. ¿Qué opinan los museos?

Si volvemos al concepto de la accesibilidad desde la perspectiva del artículo, es decir, la dirigida a las personas con discapacidades motrices, sensoriales o cognitivas, también quiero hacer una observación. No olvidemos otros colectivos que tienen necesidades específicas, como son los grupos sociales desfavorecidos, en riesgo de exclusión social, minoritarios… y todos aquellos que requieran de métodos específicos, pensados especialmente para ellos, que los hagan sentir partícipes de las mismas oportunidades de que disfruta la ciudadanía en general.

[PS: Después de haber escrito este post, he visitado el nuevo Museu de Badalona. Mi felicitación por una puesta en escena tan bonita y didáctica, y tan acertada para las personas con discapacidad visual y motriz.]

Imma Fondevila Directora de Proyectos de Magma Cultura

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Acerca de @snpozuelo

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Comentarios

Un comentario en “MagmaCultura: la accesibilidad en los museos

  1. ARTDIFUSION MONTEVIDEO- URUGUAY LOS SIGUE Y ADELANTE CON LA LABOR!!
    LILIAN POMBO GARABEDIAN

    Publicado por lilian pombo garabedian | 10/11/2011, 12:03

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